¿Qué Cura el Cáncer? Una Increíble Historia De Vida. Parte 2
Ahora sabrás cómo, después de muchos años sin resultados, mi esposa se recuperó de un cáncer que parecía insuperable.
Contaré la historia tal cual, sin guardarme nada, pues lo que quiero es que a usted le pase lo mismo, y es que aunque parezca tarde para sanar su cáncer, se regale la oportunidad de intentarlo una vez más; esta vez con la certeza de que será la vencida. Y aseguro eso, porque no solo mi esposa se recuperó sino que usted descubrirá cientos, miles de historias como esta que iré publicando en este blog.
En su última visita al médico antes de conocernos, le preguntó: -doctor: ¿Usted cree que me puedo sanar? Y saben que respondió este señor: – Señora, ya le dije. Su mal es irreversible. Si lo hubiera hecho con amor hubiera sido más “fácil” de digerir, pero se lo dijo con tanta frialdad y dureza como pudo.
Un día sábado, el 4 de marzo de 2006, toqué una puerta. Yo distribuía productos puerta a puerta. Elena, amiga de Yolanda, me atendió. Ella sufría de cáncer de seno. Me dijo: yo no creo en esas c%4″@. Ya estaba vencida. Sin embargo, por alguna razón que hoy aun no entiendo, me envió a casa de Yolanda, pues sabía que ella si me compraría en esas c%4s@.
Cuando fui a esa casa, me abrió la puerta Edwin, su hijo. Ella no estaba y dejé razón de que me llamara a cualquier hora, cuando llegara. A eso de las 10:00 pm me llamó y la convencí de que me recibiera en su casa, a pesar de que ya se disponía a dormir.
Le enseñe unos pocos videos de testimonios, y se dio la oportunidad de comprar los productos. Yo, como estrategia de venta, muy equivocada por cierto, acostumbraba regalar producto para enganchar al prospecto. Pero a ella no le regalé nada. Ya yo estaba cansado de perder dinero. Como ella no tenía dinero, compró unos 400.000 pesos en productos con su tarjeta de crédito.
Tomé uno de los productos que compró y se lo serví en un vaso con agua, y luego tomé un poco de producto en mi mano y le unté por todas sus piernas y brazos. Usted comprenderá que ella estaba muy enferma, y nunca se me ocurrió aprovecharme de ella. Hice eso tan profesionalmente como pude. Durante una semana estuve visitándola en su casa a diario, asegurándome que se tomara todos los productos
Comenzó a ir con mucha frecuencia a evacuar al baño, pero le pedí que confiara. Que era normal. Además, se estaba sintiendo mejor. Me dijo muy emocionada que su piel ya no le picaba tanto. Eso la animó mucho, pues así podía trabajar un poco más tranquila.
Día tras día, semana tras semana, mes tras mes fue mejorando. Claro que se endeudó mucho, pero lo hizo porque comenzó a ver resultados. Al cabo de tres meses en junio, por alguna razón que no entiendo, yo ya estaba viviendo en su casa. A estas alturas, casi seis años después no me explico por qué pasó eso. Bueno, me dediqué a cuidarla. Al cabo de un tiempo, dejó por voluntad propia de tomar casi todas las medicinas que le mandaban.
Un día, cuando fue a pedir nuevos exámenes pare ver su evolución, él médico le reclamó que no estaba tomándose los medicamentos, pues en su base de datos aparecía que no estaba reclamándolos. Yolanda, ahora mi esposa, le dijo: -Doctor, es que estoy tomando unos productos (ahora no te los menciono para no distraerte). El doctor le respondió: – Señora no me haga perder tiempo. Se toma sus productos o se toma lo que yo le mando.
Como mi esposa debía continuar con sus exámenes, le dijo que continuaría con sus medicamentos, y los siguió retirando periódicamente. Aún toma algunos de ellos, incluso seis años después. Pero su calidad de vida mejoró en un 95%, si se pudiera medir de esta manera.
Al primer año, en junio, fue entrevistada por un canal de televisión internacional, donde ella contó su testimonio.
Sus exámenes médicos mejoraron cada vez; uno a uno fueron desapareciendo los asteriscos que indicaban que algo andaba mal.
Todo esto lo he contado porque si bien fue un proceso largo y costoso en un principio, hoy mirando hacia atrás, no tiene precio haber salvado su vida.
Hoy ella dice en medio de risas que para que los productos le salieran más baratos, se quedó con el distribuidor. Si, me atrapó, es verdad. Pero valió la pena de ambos lados. Lamentablemente, Elena, quien me recomendó a Yolanda, murió hace ya dos años.
Por favor, deje sus comentarios. No dude en compartir esta historia con otras personas si siente que puede ayudar. Más adelante publicaré otras historias como esta. Usted puede curar el cáncer, pero debe abrir su corazón.
Sinceramente,
Giovanni Holguín Rojas
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